Leyendas para niños y niñas de 7 años - Segundo de primaria



Leyenda de la Caja de Pandora


Al principio de los tiempos, un titán llamado Prometeo entregó a los hombres el regalo del fuego. El dios Zeus estaba furioso con él por no haber pedido su permiso primero y con los humanos por aceptar el regalo, por lo que ideó un plan para vengarse y castigar a todos.


Le ordenó a Hefesto: el herrero del olimpo, que elaborara una mujer con arcilla, cuyo cuerpo tenía que ser hermoso. Atenea le colocó un hermoso vestido, Hermes le concedió el don de manipular y seducir y Hera; esposa de Zeus, le dio un don que cambiaría la historia de la humanidad por siempre: la curiosidad.


Finalmente, Zeus la bautizó con el nombre de Pandora y sopló sobre su rostro haciendo que cobrara vida. Antes de enviarla a la Tierra con los hombres, Zeus obsequió a Pandora una caja de oro con incrustaciones de piedras preciosas atada con cuerdas doradas y le advirtió que bajo ninguna circunstancia debía abrirla.


Pandora llegó a casa de Prometeo y rápidamente, su hermano Epimeteo se enamoró de ella. Se casaron y vivieron felices, pero Pandora no podía olvidar la caja prohibida. La curiosidad día tras día atormentaba a la joven, quien ardía en deseos por abrir la caja que había llevado consigo. Todo el día pensaba en lo que podía haber adentro. Anhelaba abrir la caja.


Un día la curiosidad ganó, Pandora tomó la caja y tiró de los cordones desatando los nudos. Para su sorpresa, cuando levantó la pesada tapa, un enjambre de adversidades salió de la caja: la enfermedad, la envidia, la vanidad, el engaño, el orgullo y otros males volaron fuera de la caja.



Asustada por el error que había cometido, Pandora trato de cerrar la caja, pero ya era demasiado tarde. Arrepentida, asomó su cabeza al interior y descubrió con sorpresa un pequeño pajarillo azul que estaba en una esquina; era la esperanza, la cual salió volando al final.


Por eso, hoy, a pesar de todos los problemas que existen en el mundo, siempre se dice que LA ESPERANZA es lo último que muere. Porque mientras exista la esperanza, habrá una segunda oportunidad para las personas.



Leyenda de Juanito manzanas


Esta es la historia de un hombre que se convirtió en leyenda. Su nombre era John Chapman, pero todos lo llamaban “Juanito Manzanas”.


John Chapman era un hombre muy bueno y amigable que recorrió gran parte de los Estados Unidos de América con nada más que la ropa que tenia puesta, una olla en la cabeza y una bolsa llena de semillas de manzana que había recogido de una prensa de sidra.


En ese momento, los Estados Unidos era un país muy joven; en el Oeste no había grandes ciudades ni escuelas y tampoco manzanos. Él no quería que los primeros pobladores del Oeste, llamados pioneros, crezcan de manzanas y todos los deliciosos productos que se pueden hacer con ellas.


Un día se despidió de su familia y emprendió su viaje Sin zapatos. Él caminó de un lugar a otro, de pueblo en pueblo plantando sus semillas cada vez que se encontraba tierra. Fue así como lo llamaron “Juanito Manzanas”.



—Habrá suficientes manzanas, nadie sentirá hambre— se dijo a sí mismo.


Los pioneros lo observaban pasar, alguna personas lo invitaban a dormir en sus casas para que no pasara frío, pero Juanito no aceptaba:


— No, gracias —respondía—. El cielo estrellado es mi refugio.


Aunque los indígenas eran a veces desconfiados, todos confiaban en Juanito Manzanas. Él les enviaba regalos y historias asombrosas de los pueblos que había visitado y sobre todo… alegría a todos.



Pero Juanito Manzanas no solo era amable con los pioneros y los indígenas, también era muy amable con los animales.


Una tarde, mientras iba por el bosque oyó un aullido de dolor, el sonido lo hizo entristecerse y decidió seguir el sonido. Era un lobo herido que había caído en una trampa de un cazador.


Juanito Manzanas ni bien lo vio lo ayudo al pobre animal, le dio de comer y curo sus heridas. El lobo estaba tan agradecido que empezó a seguirlo a todos lados. ¡Ahora Juanito Manzanas tenía un lobo como mascota!


Pasaron 40 años antes de que Juanito Manzanas dejara de plantar; había envejecido y se encontraba muy enfermo. Las ciudades del Oeste crecieron, había bastantes casas, escuelas, iglesias y hasta carreteras llenas de coches de caballos que transportaban nuevos pobladores y alimentos.


Hasta el día de hoy, los árboles que Juanito Manzanas había plantado siguen floreciendo en la primavera y en otoño siguen brotando de ellos manzanas rojas o verdes, redondas y muy deliciosas.


La gente continúa haciendo jugo, tartas y compota de manzana y los niños tienen frondosos manzanos para trepar o columpiarse. ¡Todo gracias a Juanito Manzanas!

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