Leyendas para niños y niñas de 10 años - Quinto de primaria



Leyenda del Águila


Dice la historia que hace muchos, muchísimos años, un muchacho se levantó una mañana muy temprano para ir a cazar. Caminó tranquilo hacia las montañas y al llegar a su destino, vio  cómo en la cima de una de ellas, un águila enorme descendía del cielo y se posaba sobre su  nido. Lo que más le llamó la atención fue que el águila llevaba una serpiente, rígida como un palo, bien sujeta con el pico.

– ¡Vaya, hoy el águila está de suerte! ¡Acaba de amanecer y ya ha conseguido alimento para su cría!

La reina de las aves, creyendo que la serpiente estaba muerta, la dejó caer junto a su hijito y remontó el vuelo para ir a buscar más.

¡Qué equivocada estaba! En cuanto desapareció en el horizonte, la serpiente se desenroscó, abrió la boca y mostró sus afilados y venenosos colmillos al indefenso polluelo ¡El pobre no tenía escapatoria y la miraba aterrado!

Por suerte el cazador lo estaba observando todo, y cuando estaba a punto de hincarle el diente, agarró su arco, afinó la puntería y lanzó una flecha mortal al peligroso reptil, que se quedó quieto para siempre. Después echó a correr hacia el nido, angustiado por si el aguilucho había sufrido alguna herida.

¡Cuánto se alegró al ver que estaba  sano y salvo! Con mucho cuidado, lo tomó entre sus manos con suavidad, y acariciándole las plumitas se alejó del lugar.

Al rato el águila regresó  y comprobó con horror que su retoño ya no estaba. Desesperada sobrevoló la zona a toda velocidad y distinguió a un joven que se lo llevaba camino de la ciudad. Rabiosa, descendió en picado y se interpuso en su camino.


– ¡Eh, tú, ladrón! ¿A dónde vas con mi chiquitín?

– ¡Me lo llevo a mi casa! La serpiente que cazaste no estaba muerta y casi se lo come de un bocado ¡Quiero ponerlo a salvo!

El águila se entristeció y sus ojos se llenaron de lágrimas.

– ¿Me estás diciendo que soy una mala madre?

– ¡No, de ninguna manera! Imagino que eres una madre buena y cariñosa como todas, pero debes reconocer que has cometido un gravísimo error.

– ¡Lo sé y estoy muy apenada por ello! Siempre estoy pendiente de proteger a mi pequeño porque le quiero más que a mí misma. Te juro que pensaba que la serpiente estaba muerta y que no corría ningún peligro.

– Ya, pero…

– Sin duda fue un descuido y no volverá a suceder. Devuélvemelo, por favor, y yo te recompensaré.

– ¿Ah, sí? ¿Y cómo lo harás?

– ¡Seré generosa contigo! Voy a concederte las dos cualidades más valiosas que poseo.

– ¿Dos cualidades? No entiendo a qué te refieres.

– ¡Sí! A partir de ahora tendrás una visión tan aguda como la mía y tanta fuerza como estas dos alas. Nadie podrá vencerte y te aseguro que llegará un día en que te llamarán águila como a mí.

El cazador pensó que era un trato fantástico y, ciertamente, el águila parecía desconsolada y arrepentida de verdad. En lo más hondo de su corazón sintió que tenía que darle una nueva oportunidad porque al fin y al cabo, en esta vida todos cometemos errores alguna vez. Sin pensarlo más, levantó sus manos callosas y entregó la pequeña cría a su amorosa mamá.


Pasaron varias primaveras y la promesa del águila se cumplió. El muchacho se convirtió en un hombre muy hábil y más fuerte de lo normal, capaz de cazar animales gigantescos y de participar en la defensa de su ciudad cada vez que entraban enemigos ¡Un auténtico héroe al que todos los vecinos querían y admiraban!

También pasó el tiempo para el pequeño aguilucho, que jamás olvidó quién le había salvado la vida cuando era chiquitín. Como era de esperar creció muchísimo, y cuando se transformó en un águila grande y hermosa, decidió no separarse nunca de su amigo el cazador. Siempre a su lado, le protegía día y noche desde las alturas como un perro guardián que vela por su amo a todas horas.

La fama del cazador y de su ave protectora se hizo tan grande que toda la gente empezó a llamarle “el hijo del águila”,  y a la tierra donde vivía, Albania, que significa  “tierra de las águilas”.



Leyenda "El molino de sal"


Había una vez un lugar lleno de agua y vegetación. Y en medio de ese paraíso, un pequeño pueblo. El pueblo consistía en pequeñas casas blancas. Pero al lado había una colina verde. Y en la cima de la colina había un molino.


Los ancianos solían decir que este molino era mágico. El molinero se pasaba el día descansando, sin trabajar, y el molino le ofrecía todo lo que quería sin esfuerzo. Todo lo que tenía que hacer era pedirlo:


“Moler, moler, moler y hacer que aparezcan 20 kilos de trigo, para que yo pueda verlo” – y el molino se lo daría, siempre que dijera las palabras mágicas.


Un día el molinero pensó que si el molino podía darle todo lo que pedía, debería intentar pedir otra cosa. Así que decidió pedir monedas de oro. Añadió las palabras mágicas y… ¡estaban las brillantes monedas! ¡a sus pies!


Los vecinos no tardaron mucho en darse cuenta de que algo pasaba. Y empezaron a envidiar al molinero. Nunca lo vieron trabajando. Y siempre consiguió todo lo que quería. Por supuesto, el molinero era generoso, y siempre distribuía trigo y maíz a todos los aldeanos.


Uno de los vecinos sugirió que fuéramos al molino para ver qué estaba pasando allí. Pero ninguno de ellos quiso apoyar su idea. Sin embargo, no era el único que quería descubrir el secreto del molinero. Algunos piratas habían oído hablar del misterioso molino mágico. Decidieron acercarse a la aldea y, en silencio, los piratas vinieron a escuchar las palabras que hicieron que todo lo que se les pidió saliera del molino. El molinero en ese momento dijo:


Moler, moler, moler… y hacer aparecer… Veinte kilos de maíz, ya lo veo.

Cuando el molinero se durmió, los piratas robaron los molinillos del molino y los llevaron al barco. Decidieron probarlo y pidieron sal… …pero la sal empezó a brotar y a crecer sin control. El pirata no pudo detener los dientes. ¡No sabía qué palabras usar para detenerlos! Así que el barco terminó hundiéndose por la sal. Los dientes también se hundieron. Nadie podía detenerlos. Nadie más que el molinero sabía las palabras mágicas para detenerlos. Y ahora sabes por qué el mar es salado y permanecerá así para siempre.

Bibliografía consultada en español

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