Leyendas para niños y niñas de 5 años - Parvulario



Leyenda del Maíz


Cuentan que antes de la llegada de Quetzalcóatl, los aztecas sólo comían raíces y animales que cazaban. No tenían maíz, pues este cereal tan alimenticio para ellos estaba escondido detrás de las montañas. Los antiguos dioses intentaron separar las montañas con su colosal fuerza, pero no lo lograron. Los aztecas fueron a plantearle este problema a Quetzalcóatl.

-Yo se los traeré- les respondió el dios. Quetzalcóatl, el poderoso dios, no se esforzó en vano en separar las montañas con su fuerza, sino que empleó su astucia. Se transformó en una hormiga negra y acompañado de una hormiga roja, marchó a las montañas. El camino estuvo lleno de dificultades, pero Quetzalcóatl las superó, pensando solamente en su pueblo y sus necesidades de alimentación. Hizo grandes esfuerzos y no se dio por vencido ante el cansancio y las dificultades. Quetzalcóatl llegó hasta donde estaba el maíz, y como estaba trasformado en hormiga, tomó un grano maduro entre sus mandíbulas y emprendió el regreso. Al llegar entregó el prometido grano de maíz a los hambrientos indígenas. Los aztecas plantaron la semilla. Obtuvieron así el maíz que desde entonces sembraron y cosecharon. El preciado grano, aumentó sus riquezas, y se volvieron más fuertes, construyeron ciudades, palacios, templos… Y desde entonces vivieron felices. Y a partir de ese momento, los aztecas veneraron al generoso Quetzalcóatl, el dios amigo de los hombres, el dios que les trajo el maíz.



Leyenda del fuego y los animales


Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo los animales hablaban y hacían cosas de personas, pero como no tenían fuego y aún no existían los fósforos, los pobrecillos se veían en la necesidad de comer comida cruda, lo cual no les gustaba del todo.



En ese tiempo el jaguar no tenía sus manchas, era de un solo color, amarillo y nada más. Un día mientras estaba tomando el sol en una montaña, el sol lo observaba con atención. Al señor sol le dio tanta lastima ver que tanto él jaguar como los animalitos sufrían comiendo comida cruda, que decidió hablar con el jaguar y decirle:


– Jaguar te voy a dar una cosa que usarás y compartirás con los demás animales.


– ¿Es algo para comer?- le preguntó el jaguar.


-Es fuego, levanta esa rama con pasto seco, que yo te la encenderé- contestó el sol.


El jaguar agradeciendo el buen gesto del sol corrió con la antorcha encendida, pero no la compartió con los demás animales. Tarde o temprano todos los animales se enteraron de la valiosa posesión del jaguar. Entonces fue la lechuza a pedirle un poco de fuego, pero el jaguar no quiso darle. Después mandaron a la Vizcaya pero el jaguar se negó y comenzó a rugir logrando ahuyentarla. Por último llegó un astuto zorro que logró engañar al jaguar y le robo un poquito de fuego. El zorro corrió y corrió, hasta que el jaguar tropezó con una piedra y se manchó.



Al final el jaguar quedó con machas, solo y con mal humor por no haber compartido el preciado fuego. El resto de los animales gozaron del fuego y vivieron felices para siempre.

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